
Alí, un joven afgano de 20 años, de mirada amenazadora, se pasea como una fiera herida entre las cuatro paredes de su celda en el centro psiquiátrico de Herat. Su rostro, marcado por el sufrimiento, ha envejecido prematuramente por las penurias de la vida que le ha tocado. "Es muy peligroso. No puede estar junto a otros pacientes porque les atacaría y alguno podría resultar gravemente herido", afirma Mohammad Kabir, asistente del centro psiquiátrico de Herat.
Alí ingresó en 2007 en este centro dedicado a tratar a enfermos mentales. Una mañana, el mundo de Alí se detuvo y dejó de ser el chiquillo risueño que había sido hasta entonces. Presenció cómo un comando talibán irrumpía en su casa y asesinaba, a sangre fría, a toda su familia. Aquella imagen se quedó grabada a fuego en la mente de este joven de etnia hazara y le dejó una cicatriz invisible pero muy profunda, capaz de marchitarle poco a poco.
El caso de Alí no es una excepción. El 70% de los afganos sufre algún tipo de secuela psicológica por culpa de una guerra que dura ya 30 años desde la ocupación soviética y a la que, por desgracia, la población empieza a estar demasiado acostumbrada. Dos tercios de los 125 internos del centro psiquiátrico de Herat están allí por problemas mentales derivados del conflicto armado. Están encerrados tras gruesos barrotes o encadenados con eslabones de acero que socavan su dignidad como personas y que los convierten en fieras enjauladas.
"En todos los países que han sufrido guerras encontramos secuelas en la población civil, especialmente entre las mujeres y los niños. Muchos de ellos se enfrentan a diversos problemas mentales. Algunos niños y adolescentes han sido testigos directos de matanzas, han visto cómo asesinaban a sus padres delante de ellos y todos esos horrores les han afectado psicológicamente. Muchos de ellos presentan cuadros de estrés postraumático, problemas de socialización o violencia hacia otro ser humano", afirma el doctor Sayed Alawi, máximo responsable del Área de Salud Mental de Afganistán.
Antonio Pampliega
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3 comentarios:
Las impresiones que quedan grabadas en la mente son de tal grado que el trastorno se entiende.
Veo que las condiciones son deporables y lo peor sin ningñun tipo de tratamiento, de terapia, de apoyo.
No me extraña la reacción que pueda desencadenar despues de lo vivido.
¡es una pena!
Molts petons.
Es terrible que vivan en esas condiciones, por muy afectados que estén, con un tratamiento correcto saldrían adelante, me horroriza pensar que ocurran estas cosas en las fechas que estamos, y no digamos del anterior post, no pude seguir leyendo, me pongo enferma de ver tanta maldad,me cuesta creer que exista tanta ruindad con seres a los que deberíamos de proteger.
Besitos.
Es terrible, claro, pero muy lógico!...¿quién puede imaginarse que una tragedia, que un infierno tan espantoso como una guerra cruenta no vaya a dejar secuelas abiertas entre toda la población?
A la hora de contar las víctimas no debemos olvidar a estos pobres desamparados que ni siquiera logran conservar sus mentes fuera de los barrotes de sus propios miedos!
Un abrazo fuerte, Ma Mercé...y muchas gracias por seguir constante en tus convicciones y tus luchas!
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