Desde hace varias décadas es África el continente que ostenta el triste récord de tener el mayor número de guerras y conflictos latentes o intermitentes.
El conflicto más sangriento que tiene lugar hoy en África es, sin duda, el de Somalia desde 1990 con la caída de Siad Barre primero y, en los últimos años, entre los islamistas de Al Shabab, apoyados por Eritrea, y el gobierno apoyado por tropas etíopes que apenas consigue controlar una parte de la capital, Mogadiscio.
Darfur, en Sudán, es otro de los puntos calientes de África, desde que empezara allí la guerra en 2003. Según Naciones Unidas han muerto ya 300.000 personas y 3 millones han sido desplazadas dentro y fuera del país.
En el Delta del Níger, los rebeldes del MEND realizan una campaña violenta de secuestros, extorsiones y ataques a las compañías petroleras que operan en esta zona de Nigeria.
No hemos de olvidarnos del este de la República Democrática del Congo. En la región del Kivu hace ya muchos años que rebeldes hutus ruandeses, guerrilleros tutsis del general Nkunda y los propios soldados congoleños han convertido a la población civil en el blanco de sus ataques. Y más al norte, los guerrilleros ugandeses del LRA hacen lo mismo contra las poblaciones del noreste del Congo, y también en el sur de Sudán.
Uno de los conflictos que no se han resuelto del todo y rebrotan al cabo de periodos de relativa calma sería el de la República Centroafricana, donde a pesar de un acuerdo de paz alcanzado a finales del año pasado, dos grupos rebeldes siguen sembrando la inseguridad en algunas zonas del norte del país.
Algo parecido ocurre en la Cassamance, región de Senegal, donde hace dos meses volvió a haber enfrentamientos entre el movimiento que lucha por la secesión, y las tropas del gobierno.
Y uno de los conflictos más antiguos es el del Sáhara Occidental, que desde hace casi 20 años vive una situación de estancamiento sin que haya tenido aún lugar el referéndum por el que la población debería ejercer su derecho a la autodeterminación.

Pero África es también un continente que tiene ejemplos muy notables de trabajo por la resolución pacífica de los conflictos y la reconciliación. Y en muchas ocasiones encontramos muy poco eco de estas buenas noticias.
Por ejemplo, a finales del año pasado el último grupo rebelde que estaba activo en Burundi, el Frente Nacional de Liberación, entregó las armas y se acogió a una amnistía para sus miembros. Gracias al proceso de paz de Burundi, que empezó en 2002, han podido volver al país más de un millón y medio de refugiados.
Otros países que han alcanzado la paz en años recientes han sido Angola, Liberia, Sierra Leona y Costa de Marfil. En muchos de ellos la población participa en procesos públicos de escucha a las víctimas, o incluso en ceremoniales de reintegración y perdón de antiguos rebeldes, como sucede en el norte de Uganda.
Y el caso de Mozambique es quizás el más emblemático de África. Cuando se firmó la paz en 1992, Mozambique estaba entre los cinco países más pobres del mundo, pero a los pocos años alcanzó de manera constante cotas de crecimiento económico superior al 8%. Mozambique, por cierto, debe de ser el único país del mundo en el que la fecha del acuerdo de paz se convirtió en fiesta nacional.
Ya sabéis mi debilidad por África, pero no, no me olvido de Palestina, Afganistán, Pakistán, Myanmar, Tíbet, Irak…